CMR
(Cellular Memory Release - Liberación de Memoria Celular)
Un proceso que nos devuelve la inocencia y frescura de un recién nacido.
Desde que nacemos, vamos experimentando situaciones que nos separan poco a poco de nuestra esencia, a modo de capas, y esto sucede generalmente debido a traumas, o a comportamientos que copiamos de nuestros padres y personas próximas.
En el transcurso de nuestra vida, aprendemos a huir del dolor, a negarlo y a tener miedo de sentirlo.
Esto genera lo que Eckhart Tolle define acertadamente como cuerpo del dolor, una entidad con vida propia que, en ocasiones, parece que nos posee, pero que en realidad es parte de nosotros mismos.
Entre las cualidades del cuerpo del dolor cabe destacar que, por resonancia, atrae más dolor. Es lo que lo sustenta y alimenta.
El dolor en sí, como lo define el creador de la técnica, Luis Díaz, es un mensajero al que hemos aprendido ignorar desde nuestra mente. Si no consigue dejarnos su mensaje, se grabará en nuestras células una información que nos producirá una contracción energética, esperando que algún día decidamos escucharlo (cosa que generalmente no haremos nunca sin luchar u oponer resistencia).
En nuestra memoria celular se esculpen todas las experiencias que no hemos resuelto en nuestra vida, a veces las que no resolvieron nuestros padres y antepasados. Esto crea más y más dolor, desconexión de nosotros mismos, una auto-imagen más distorsionada y desequilibrios físicos, mentales y espirituales.
Entonces aparece en escena la infinita sabiduría que posee nuestro cuerpo: está perfectamente diseñado para hacerse cargo de estas energías que paralizan el flujo de vida. Pero para activar esta capacidad tendremos que ser osados y revelarnos hacia un patrón de comportamiento que hemos perpetuado una y otra vez: la huida del dolor.
El proceso CMR requerirá que nuestra mente deje por un momento de analizar y juzgar lo que hacemos para dar paso a esas sensaciones físicas que todos sentimos cuando conectamos con una experiencia dolorosa, y no solo eso, la utilizaremos para intensificar y exagerar estas sensaciones.
Al atrevernos a hacer esto, la emoción que experimentábamos junto con sus sensaciones físicas asociadas se transforma en otra emoción diferente y otras sensaciones físicas distintas. Así se atraviesa cada capa en pocos minutos.
En este viaje interior es muy común que los contenidos emocionales se muestren con una claridad espectacular, a modo de detalladas imágenes correspondientes al momento en el que dicha capa de dolor fue creada.
Repetiremos estos pasos las veces necesarias hasta que en un momento determinado, debajo de todas estas capas, aparece resplandeciente nuestro cuerpo de luz, nuestra esencia más profunda.
En ese instante, alcanzamos un estado de bienaventuranza que nos revela a nuestro ser, una profundísima conexión que, en algunos casos, el alma no experimentaba en muchas encarnaciones.
De pronto, nuevas posibilidades aparecen al no estar condicionados más por el miedo y el dolor que hemos dejado atrás. Podemos experimentar cualidades y dones que no sabíamos que poseíamos. La creatividad se expande a todo su potencial. Círculos viciosos quedan resueltos al disolver los motores que los mantenían.
Gracias a este apasionante proceso alcanzamos autoconocimiento y expansión de conciencia.
El trabajo de liberar el cuerpo del dolor es apoyado, si procede, de otra técnica que lo complementa, NNR (neuronal net reprogramming, reprogramación de redes neuronales), cuya función es cortar los patrones mentales que nos llevan a repetir situaciones una y otra vez. De esta forma, anulamos patrones de comportamiento y hábitos destructivos e instauramos otros más positivos y beneficiosos.
El tratamiento dura, dependiendo del paciente, entre 90 y 120 min.
También se le sugiere al paciente una serie de sencillos ejercicios para afianzar por sí mismo las nuevas conexiones neuronales que le llevarán a experimentar la realidad de una forma más auténtica y positiva.
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